La Esteatosis Hepática Metabólica, conocida como hígado graso, es la enfermedad hepática más frecuente en el mundo: afecta aproximadamente a una de cada cuatro personas adultas y su prevalencia aumenta como consecuencia de la obesidad, la diabetes tipo 2 y otras alteraciones metabólicas. En el marco del Día Internacional de la Enfermedad Hepática Esteatósica asociada a disfunción metabólica (EHMET), que se celebra cada 12 de junio, Instituto ProPatiens subraya la necesidad de reforzar la prevención, la información comprensible para pacientes y familias, y los circuitos de diagnóstico precoz.
En este contexto, la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), dentro de la campaña ‘12 meses en Endocrinología y Nutrición, 12 pasos hacia la salud’, recuerda que el diagnóstico precoz es fundamental porque se trata de una “enfermedad silenciosa” que puede evolucionar sin síntomas durante varios años. “Identificarla en fases iniciales permite intervenir sobre los factores que la causan y prevenir la progresión hacia fibrosis avanzada, cirrosis o cáncer hepático”, manifiesta la Dra. Ana Sánchez, coordinadora del Grupo Esteatosis Hepática Metabólica de la SEEN (EHMET SEEN).
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La Dra. Sánchez advierte de que “se ha detectado un aumento del hígado graso en niños y jóvenes por el incremento de la obesidad infantil y juvenil, así como por los cambios en los hábitos de vida”. La reducción de la actividad física, el aumento del sedentarismo, el consumo frecuente de bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados, así como la alteración de los patrones de sueño, contribuyen al desarrollo de alteraciones metabólicas desde edades tempranas. Esto favorece la resistencia a la insulina y la acumulación de grasa en el hígado.
Para Instituto ProPatiens, este mensaje exige una mirada de salud pública y de acompañamiento: prevenir no es responsabilizar a la persona, sino crear entornos, información y recursos que faciliten decisiones saludables, especialmente en infancia, adolescencia y familias. En palabras de la especialista de la SEEN, “el hígado graso en personas jóvenes debe considerarse un problema de salud pública que requiere medidas preventivas tanto a nivel individual como poblacional”.
La enfermedad cardiovascular es la principal causa de morbimortalidad en las personas con hígado graso. Además, estas personas presentan un mayor riesgo de progresión de la enfermedad hepática y de desarrollar diabetes tipo 2, enfermedad renal crónica, hipertensión arterial, dislipemia y apnea obstructiva del sueño.
Ante esta situación, la SEEN resalta la importancia de los cribados para identificar de forma temprana a quienes presentan mayor probabilidad de fibrosis hepática, el principal factor pronóstico de la enfermedad. “Actualmente es necesario llevar a cabo una búsqueda activa en personas con diabetes tipo 2, obesidad, síndrome metabólico y otros factores de riesgo cardiometabólico”, sostiene la Dra. Sánchez.
La patología también puede aparecer en personas que no tienen obesidad, especialmente cuando existe acumulación de grasa visceral o antecedentes familiares de enfermedad metabólica. Los síntomas suelen ser inespecíficos, como cansancio, sensación de pesadez abdominal o molestias en la parte superior derecha del abdomen. Esta falta de señales claras refuerza la importancia de la información accesible y de la consulta con profesionales sanitarios ante dudas o factores de riesgo.
La Esteatosis Hepática Metabólica puede prevenirse, detectarse a tiempo y tratarse eficazmente. Para ello, es clave un abordaje multidisciplinar en el que participen Atención Primaria, Endocrinología y Nutrición, Hepatología, Cardiología y otros profesionales. La función del endocrinólogo es esencial: la mayoría de las personas afectadas presentan una alteración metabólica sistémica que puede afectar simultáneamente al hígado, al sistema cardiovascular, al riñón y al tejido adiposo. “El endocrinólogo desempeña un papel clave en la identificación y el tratamiento de los factores metabólicos que impulsan la enfermedad”, asevera la especialista.
Desde la perspectiva de Instituto ProPatiens, la coordinación entre niveles asistenciales y especialidades debe ir acompañada de educación sanitaria, lenguaje claro y apoyo al autocuidado. Estos elementos ayudan a que las personas comprendan mejor su situación, participen en las decisiones sobre su salud y mantengan medidas preventivas de forma realista y sostenida.
Por último, la Dra. Sánchez señala que la “piedra angular” del tratamiento es la modificación del estilo de vida: “la pérdida de peso cuando existe exceso de adiposidad, una alimentación basada en el patrón mediterráneo, la práctica regular de ejercicio físico y el adecuado control de los factores de riesgo cardiometabólico son las medidas más eficaces para mejorar la enfermedad”.
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