Evitar la primera fractura, reto clave en Atención Primaria en la detección temprana de la osteoporosis

La osteoporosis es una enfermedad silente que no avisa hasta que el hueso se rompe. En el marco de la VI edición de las Jornadas de Dolor en Atención Primaria, organizadas por la Sociedad Española Multidisciplinar del Dolor (SEMDOR), que se han celebrado en Tarragona con la colaboración de Grünenthal, los expertos han puesto el foco en la necesidad de un diagnóstico temprano para evitar la discapacidad y la alta mortalidad asociada a las fracturas por fragilidad.

La fractura de cadera conlleva consecuencias graves y multidimensionales, incluyendo una elevada mortalidad, deterioro funcional significativo y pérdida de independencia. La mortalidad alcanza aproximadamente el 30% al año2, mientras que a los 30 días se sitúa entre el 6% y el 10%1. Además, la morbilidad asociada tiene un impacto comparable al de un accidente cerebrovascular, con una notable pérdida de años de vida saludable y un marcado deterioro en la calidad de vida de las personas mayores.

Dra. Maria Carmen Gallego Garcia durante las jornadasDurante el taller ‘Sin perder de vista la osteoporosis en Atención Primaria’, la Dra. María Carmen Gallego García, médico de familia, ha subrayado la gravedad de esta situación indicando que, “para cuando un paciente pierde su autonomía por una fractura de cadera, en muchos casos se llega diez años tarde”. La detección precoz permite intervenir en la fase de riesgo elevado antes de que ocurra la fractura y se inicie la cascada de fracturas, donde una lesión vertebral previa multiplica por cinco el riesgo de sufrir otra en el año siguiente.

Atención Primaria: clave en el diagnóstico diferencial

Para evitar que la osteoporosis se oculte tras otros diagnósticos, se recomienda una vigilancia clínica en Atención Primaria para evitar el sesgo de confirmación. Como regla de oro, todo dolor agudo o cambio brusco en la movilidad tras una caída, por leve que sea, es una fractura hasta que se demuestre lo contrario.

La Dra. Gallego García destaca algunos signos clave para el diagnóstico diferencial como son la pérdida de altura, donde una reducción mayor a 3 cm es un predictor elevado de fractura vertebral oculta y suele atribuirse erróneamente a la edad; el dolor a la percusión, ya que el dolor óseo es puntual al realizar pequeñas percusiones sobre la zona, que a menudo se confunde con una contractura muscular; y la impotencia funcional, pues si el paciente no puede cargar peso o hay rotación externa en cadera, la sospecha es absoluta, aunque a veces se confunde con artrosis.

La receta del ejercicio y la nutrición

En el manejo de la osteoporosis, la nutrición y el ejercicio no son complementos, sino pilares terapéuticos con el mismo nivel de evidencia que el tratamiento farmacológico. Según se ha expuesto en las jornadas, la prescripción debe ser precisa e incluir entrenamiento de fuerza, que es el factor más determinante para reducir fracturas al mejorar la calidad del hueso cortical mediante el trabajo de grandes grupos musculares.

Asimismo, se recomienda trabajar la propiocepción y el equilibrio, ya que disciplinas como el Tai Chi han demostrado reducir el riesgo de caídas hasta en un 30% al mejorar el control postural. Los expertos recuerdan que caminar tiene poco efecto sobre la densidad ósea y se recomiendan actividades como bailar o subir escaleras para activar los osteoblastos.

Por último, la especialista remarca que “la eficiencia real se logra mediante un seguimiento ágil entre Atención Primaria y especialistas como Reumatología o las Unidades del Dolor”.

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