El presidente de la Asociación Nacional de Personas que viven con Obesidad alerta de las consecuencias físicas, emocionales y sociales de esta enfermedad, denuncia la persistencia del estigma y reclama unidades multidisciplinares y un plan integral que incorpore la voz de los pacientes.
Hablar de la obesidad como enfermedad crónica, y no como el resultado de una supuesta falta de voluntad, es el primer paso para mejorar la prevención, el diagnóstico y la atención sanitaria. Así lo defiende Federico Luis Moya, presidente de ANPO, la Asociación Nacional de Personas que viven con Obesidad.
En conversación con el Instituto ProPatiens, Moya advierte de que la obesidad continúa rodeada de incomprensión, prejuicios y culpabilización. Un contexto que no solo deteriora la calidad de vida de quienes conviven con ella, sino que también puede retrasar la búsqueda de ayuda profesional.
Frente a esta realidad, el presidente de ANPO propone un cambio de enfoque: reconocer el carácter crónico y multifactorial de la enfermedad, reforzar la formación de los profesionales, organizar una atención multidisciplinar y dar una participación efectiva a las asociaciones de pacientes.
Una enfermedad crónica y multifactorial que sigue sin comprenderse

El Atlas Mundial de la Obesidad 2025 ya estima que alrededor del 50 % de los adultos en España presenta un índice de masa corporal igual o superior a 25 y que un 15 % vive con obesidad.
La Organización Mundial de la Salud define la obesidad como una enfermedad crónica con probabilidad de recaídas, originada por interacciones complejas entre factores genéticos, neurobiológicos, conductuales, ambientales y sociales.
«La sociedad sigue sin comprender que esta es una enfermedad multifactorial y crónica», señala Moya. Esa falta de comprensión, añade, impide valorar adecuadamente sus consecuencias y las numerosas comorbilidades asociadas.
Consecuencias que atraviesan toda la vida cotidiana
El impacto de la obesidad no puede reducirse a una cifra en la báscula. Según explica el presidente de ANPO, la enfermedad afecta a la salud física y emocional, pero también a las relaciones sociales, la autonomía personal y la vida laboral.
Entre sus posibles consecuencias menciona los problemas de salud mental, la artrosis y otras afecciones articulares que, en algunos casos, pueden requerir una prótesis. Sin embargo, muchas de las dificultades más relevantes permanecen invisibles porque aparecen en actividades cotidianas.
«Podemos destacar la dificultad para llevar a cabo una higiene personal adecuada o para simplemente atarse los cordones de los zapatos», explica. Algunas personas vinculadas a ANPO también trasladan problemas para desempeñar las tareas de su puesto de trabajo o encontrar empleo.
Estos testimonios muestran una realidad que va más allá del ámbito clínico. La obesidad puede limitar la autonomía, reducir las oportunidades laborales y deteriorar la participación social de quienes viven con ella.
El estigma también se convierte en una barrera sanitaria
Para Moya, la culpabilización constituye uno de los principales obstáculos para mejorar la calidad de vida y el acceso a la atención sanitaria. La idea de que la obesidad depende exclusivamente de decisiones individuales puede llevar a la persona a considerarse responsable de su enfermedad y a evitar pedir ayuda.
«La sociedad sigue culpabilizando a la persona que vive con obesidad. Esto hace que crea que es la única culpable de padecer la enfermedad y que no acuda a un profesional de la salud que pueda ayudarla», afirma.
El estigma puede continuar incluso después de dar ese paso. Moya denuncia que algunas personas siguen escuchando en las consultas expresiones como «menos plato y más zapato», una simplificación que, a su juicio, evidencia la necesidad de mejorar la formación sobre la obesidad y sus consecuencias.
La OMS también insiste en que los patrones alimentarios y de actividad física están condicionados por factores ambientales y sociales que limitan las decisiones individuales. Por ello, plantea que la respuesta no debe descansar únicamente sobre la responsabilidad personal, sino también sobre la creación de entornos y sistemas sanitarios adecuados.
«Ese pensamiento de culpabilidad agrava la enfermedad, empeora la calidad de vida y puede incrementar el gasto sanitario en medicamentos y tratamientos», sostiene el presidente de ANPO.
Una atención integral, continuada y multidisciplinar
La respuesta asistencial que reclama ANPO pasa por la creación y consolidación de unidades multidisciplinares. La obesidad puede requerir la intervención coordinada de diferentes especialidades y profesionales, así como un seguimiento continuado y adaptado a las necesidades de cada persona.
«La implementación de unidades multidisciplinares permite tratar mejor a las personas que viven con obesidad», resume Moya.
Esta propuesta coincide con el Documento de Desarrollo 2025-2028 de la Estrategia para el Abordaje de la Cronicidad del Sistema Nacional de Salud. El texto recomienda una valoración integral más allá del índice de masa corporal, la integración de equipos interdisciplinares, el uso de recursos comunitarios y la incorporación de los determinantes sociales, la desestigmatización y los aspectos psicoemocionales.
Para ANPO, el paso decisivo es que la consideración de la obesidad como enfermedad crónica y multifactorial se traduzca de manera efectiva en la organización de la atención. Se trata de una reclamación compartida por distintos profesionales y sociedades científicas, como ya recogió News ProPatiens al abordar la urgencia de reconocer la obesidad como enfermedad crónica.
«Recetar asociacionismo»
Las asociaciones de pacientes desempeñan, según Moya, una función esencial en la información, el acompañamiento, la defensa de derechos y la interlocución con las instituciones sanitarias.
ANPO colabora con profesionales para informar y representar a las personas que viven con obesidad. Además, facilita una comunicación de paciente a paciente que complementa el conocimiento clínico con la experiencia de quienes conviven diariamente con la enfermedad.
«Animamos a todos los profesionales de la salud a recetar asociacionismo», afirma Moya. Aunque algunas personas pueden rechazar inicialmente ese apoyo, la aparición de dudas y dificultades hace especialmente valioso contar con información basada no solo en la teoría, sino también en la experiencia personal.
El acompañamiento asociativo puede reducir el aislamiento, favorecer la comprensión de la enfermedad y ayudar a las personas a participar de manera más activa en las decisiones relacionadas con su salud.
Un plan integral para todas las etapas de la vida
El principal objetivo de ANPO es avanzar en el reconocimiento de la obesidad como una enfermedad. Para la asociación, este paso permitiría impulsar cambios en la atención sanitaria, combatir el estigma y mejorar la calidad de vida.
La organización también trabaja para proporcionar información rigurosa, apoyar a los profesionales sanitarios y colaborar con asociaciones vinculadas a enfermedades relacionadas con la obesidad.
Como hoja de ruta, Moya reclama la puesta en marcha de un Plan Integral de Abordaje de la Obesidad y sus comorbilidades que abarque todas las etapas de la vida.
«En dicho plan deben trabajar los responsables de la toma de decisiones, los profesionales de la salud y las asociaciones de pacientes, para contar con la visión de todas las partes relacionadas con la obesidad y sus enfermedades», explica.
La propuesta de ANPO dibuja así un cambio de modelo: sustituir la culpabilización por conocimiento; las respuestas aisladas por una atención coordinada; y la consideración pasiva de los pacientes por una participación efectiva en las políticas y decisiones que afectan a su salud.
Este contenido es informativo y no sustituye el consejo médico. Ante cualquier duda sobre tu salud, consulta con profesionales sanitarios.
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